Veo que el libro tarda y no llega, y para pagar toda esta espera que los que esperan el libro (que serán pocos, pero existen) están sufriendo, pongo este poema, y para ellos/as, para los que esperan, va dedicado este poema, incluido en el libro.
Así también aprovecho y dejo un recuerdo a los que vengan de Italia, jeje, que como yo me voy pa Madrid, pos no los voy a poder ver. Para ellos también dedicado este poema que quizás algunos no sean los mismos que antes pero que a otros/as va dedicado doblemente.
Es el poema 13, de los 15 aquellos que escribí en la primera quincena de Julio en el 2005. El poema 2 está en la sección de poemas de mi web, por si alguien lo quiere leer, y para leer el resto habrá que esperarse a que salga el libro, que no están todos los que son pero si son todos los que están. (Ya queda menos, paciencia)
Julio de 2005, me acabo de dar cuenta que justamente ahora hace dos años que lo escribí. Joder, como pasa el tiempo. Quizás por aquella época no merecía la pena tanto escribirlos como bien pudiera ser ahora el momento perfecto (siempre a deshora)
POEMA 13/15
Primera quincena de Julio 2005
La mar, tan ardiente como excitante, salada y seca, la mar mojada. El horizonte a lo lejos, el infinito personificado, la paz y la alegría, el agobio de la gente.
El agua recorre tu cuerpo en mi mente, en mi lejanía, en mi absurda perfecta soledad.
El aroma no se puede comparar con nada. El silencio cuando todo el mundo calla. El vaivén de su savia, el agua encaramada a su arena que la hace posible.
Dulce manjar, excitante caramelo, dulces besos, preciosa boca. Me recuerdas a mi libertad. Verano alejado de ruido. Me recuerdas a aquel muchacho que salía valientemente a defender su vida en el mundanal paisaje vestido de hipocresía, negro paisaje, no bello. Amargas tardes de sufrimiento inesperado cobijado entre falsa mentira, atada sin contradecir a un anochecer hermoso, libre y hermoso. Ya no tengo alas para volar, me basta tu sonrisa.
Ver a lo lejos una tierra que jamás será conquistada. Son tu pasión, amor y alegría las que temo no encontrarme algún día cada día. Es el miedo a la soledad.
Me miras, te veo. Siento el fuego de tus ojos en mi piel. El aliento fresco de tu brisa suave recorriendo mi cuello cuando uno de tus besos naufraga en mi corazón.
Es paz, tranquilidad, sosiego. Pienso en ti y lo lejos que el hombre puede llegar a conquistar. Habitar en lejanas tierras llenas de vírgenes recuerdos, savia inmaculada y bostezos amenos. Debe ser el sonido de las olas al romper su fuerza contra la arena mojada. Debe ser la brisa cálida que sopla sobre mi nuca. Debe ser el horizonte que me recuerda cuanto de libertad tiene el hombre. Debe llamarse bienestar tu amor en mi corazón.
UriSo
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